Turismo y espacios naturales: ¿amigos o enemigos?
Jordi Prieto

La industria turística es una de las de mayor actividad y crecimiento, tanto a nivel nacional como internacional, y no se puede subestimar su influencia tanto en las grandes ciudades como en las zonas rurales o en espacios naturales. Pero quizás debamos preguntarnos ¿qué impacto general tiene el turismo ya sea tanto a nivel social como ambiental?
Las dos caras del turismo:
Por un lado, está el innegable beneficio económico y de dinamización que la propia actividad genera dado que, para muchas comunidades pequeñas de todo el mundo, el turismo es la mejor oportunidad para generar ingresos y mantener sus estilos de vida y tradiciones. En sentido positivo, pues, el turismo sin duda supone un desarrollo económico, generando ingresos significativos para la región, beneficiando a negocios locales y creando empleos, un efecto especialmente sensible en áreas rurales o despobladas. Estos ingresos del turismo, además, pueden ser utilizados para la conservación y mantenimiento de los espacios naturales o la biodiversidad.
Asimismo, hoy en día ya empiezan a ser bien conocidos los beneficios en materia de salud y bienestar para las personas que supone el contacto con la naturaleza. Diversas investigaciones, por ejemplo, demuestran que el tiempo de recuperación de una situación de estrés es mucho menor cuando se desarrolla en un ambiente natural. Asimismo, los expertos afirman acerca de la necesidad de permitir y favorecer que la infancia mantenga una dosis diaria de contacto con la naturaleza.
Por todo ello, profesionales de la sanidad y la educación ya están dispuestos a aprender a “recetar” naturaleza para mejorar la salud física y mental.
Sin embargo, como contrapartida el turismo también tiene importantes repercusiones negativas tanto a nivel social (urbanismo desenfrenado, masificación, gentrificación, subida de precios…) como ambiental (contaminación, uso de recursos energéticos, hídricos, generación de residuos asociados, efectos negativos sobre la biodiversidad, estacionalidad...).
Y por ello debemos ser conscientes de la necesidad de impulsar un modelo turístico que sea verdaderamente respetuoso y sostenible, alejado de la visión tradicional de sol y playa o de “cuantos más mejor” que a menudo se nos inculca desde diferentes estamentos de la sociedad.
Ruta en barco por el río Ebro impulsado por energía solar (Amposta)
El complicado equilibrio entre turismo y conservación
Hace ya tiempo, y en particular después de la pandemia del covid19, que se habla de otro modelo, de sociedad en general y de turismo en particular. Las entidades sociales y ambientales consideran imprescindible apostar por modelos que deben ser más sostenibles y respetuosos, que se alejen del consumismo masivo, con una movilidad más sostenible, con un turista más consciente, y donde se involucre a las comunidades del entorno y a los visitantes en la protección es clave.
No es sencillo encontrar este equilibrio, pero estrategias como las Reservas de Biosfera, donde ya hace años que se trabaja en intentar compatibilizar el turismo y la conservación de los bienes naturales y culturales de una zona pueden ser el modelo a seguir.
Otras iniciativas también trabajan en la misma dirección y mecanismos como la Carta Europea de Turismo Sostenible (CETS) en Espacios Naturales Protegidos, que es una iniciativa de la Federación EUROPARC, tiene como objetivo global promover el desarrollo del turismo en clave de sostenibilidad; se desarrolla en los espacios naturales protegidos de Europa a través de un compromiso voluntario de los firmantes y orientando a los gestores de los espacios naturales protegidos y a las empresas para definir sus estrategias de forma participada.
Podríamos mencionar muchas otras iniciativas, pero por ejemplo el distintivo Biosphere (creado por el Instituto de Turismo Responsable - ITR) es una certificación oficial que avala el compromiso real con la sostenibilidad. Este distintivo puede generar conciencia y recursos para la conservación y está alineado con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU (ODS). Aquí es el propio turista es el que tiene en su mano elegir destinaciones más sostenibles y fue reconocido como la mejor herramienta de certificación de sostenibilidad del mundo en 2021 por un informe de la Universidad de Sherbrooke, Canadá.
Trabajando para alcanzar ese complicado equilibrio
Como ya se ha comentado, es muy positivo que las personas quieran pasar más tiempo en la naturaleza, pero se deben que habilitar herramientas para no penalizar el territorio o la biodiversidad que acoge. Y es que, como es bien sabido, por ejemplo la masificación es un mal compañero de viaje para la conservación de los valores naturales.
Desde SEO/BirdLife, además de concienciar de las problemáticas, también se quiere ofrecer soluciones y por ello en varios proyectos se ha trabajado para promover un turismo diferente. Sobre todo, se ha trabajado para fortalecer un turismo ornitológico respetuoso con las aves y el medio (iberaves, Mediteraves, Birdtourise…) para que ayude a desarrollarse a las poblaciones de entornos naturales de un modo sostenible, tanto desde el punto de vista de la formación y capacitación del sector como de concienciación del propio turista.
Observación de aves en el Delta del Ebro
Asimismo junto con otras entidades, SEO/BirdLife ha trabajado en el proyecto Flow4BIO (2022-2025; en las CCAA de Catalunya, Baleares, Comunidad Valenciana, Aragón, Asturias e Islas Canarias), para hacer frente al reto demográfico frente a la masificación de los bosques a través del turismo forestal sostenible; el proyecto ha generado paisajes resilientes al uso público y al cambio climático, fomentado la biodiversidad y sus valores paisajísticos.
Otro efecto negativo sobre el medio natural es el efecto de la estacionalización e hiperfrecuentación de los espacios litorales y en especial en los destinos de sol y playa. Es bien conocido la gran presencia humana en estas áreas pone en grave peligro las especies que utilizan las playas y espacios dunares para la cría o descanso durante las migraciones (como chorlitejos, correlimos, charranes, etc.). Por ello, desde algunas administraciones han trabajado para disminuir las consecuencias de ese turismo masivo.
En el Delta, por ejemplo, no hace muchos años se vivió otro ejemplo de este complicado equilibrio, ya que en la época post-pandemia, el auge de las caravanas, autocaravanas y furgonetas camper provocó que en el verano de 2020 y la Semana Santa de 2021 la barra del Trabucador se colapsara con la presencia de centenares de vehículos. Se trata de un espacio de gran valor ecológico pero del delta del Ebro que es de dominio público marítimo-terrestre. Este hecho motivó que, ante esta realidad, el Ayuntamiento de Sant Carles de la Ràpita anunciara que regularía el acceso al Trabucador para controlar la avalancha de visitantes.
Zona del Trabucador en el delta del Ebro
Pero en el Delta, igual que en otras áreas similares, se suman otras presiones derivadas de la presencia humana, como pueden ser la presencia continua de mascotas sueltas o la práctica de deportes diversos, somo puede ser el kite surf, el paramotor o la navegación en cayac (por citar algunas de ellas…) que, en caso de no respetar la normativa de estos espacios, suman más efectos negativos a la conservación de la biodiversidad.
Zona dunares en el delta del Ebro
En otros ambientes, otras actividades en las que también se trabaja para compatibilizarlas con la conservación son, por ejemplo, la regulación de la escalada en roca, el baño en pozas de los ríos y riachuelos o los lagos de alta montaña, las rutas con raquetas de nieve o esquí de fondo/montaña, las carreras de montaña/bicicletas o el simple hecho de pasear los perros sueltos en estos espacios.
Todas ellas, si no respetan la normativa (zonas o épocas restringidas…), pueden poner en jaque el frágil ecosistema de estos pequeños espacios y poner en peligro especies muy delicadas como pueden ser el urogallo, la perdiz nival, o diferentes especies de rapaces o especies acuáticas.
En definitiva, pues, cualquiera de nuestras actividades en el medio natural tiene un impacto que hay que minimizar para preservar el entorno y sus valores naturales.
Avanzando hacia un futuro necesariamente sostenible
El Delta de l’Ebre, igual que los otros espacios naturales, no solo es un ecosistema de extraordinario valor ambiental, si no que debemos conseguir que sea un testimonio vivo de cómo la naturaleza y las comunidades humanas pueden coexistir en equilibrio. ¡¡Es crucial que se implementen medidas de turismo sostenible para minimizar estos impactos negativos!!
Pero no todo depende de las decisiones y acciones de la industria turística, los propios viajeros y turistas también deben tomar conciencia de su responsabilidad y darse cuenta de la huella que genera su condición de turistas y actuar en favor del planeta y el turismo.
Pero proteger los espacios naturales, en general, exige mucho más que buenas intenciones y requiere de acciones coordinadas que integren soluciones científicas avanzadas, políticas públicas efectivas y la implicación activa de la sociedad. Como hemos visto, es notoria la necesidad de destinar más recursos y mejorar la eficacia de la gestión del uso público y de los flujos de visitantes. Al final, las medidas restrictivas de ordenación y planificación aparecen como única herramienta viable para frenar los efectos adversos provocados por la masificación de los espacios.
La justicia social debe ser nuestro mayor reto y la única manera posible de alcanzarla es considerar que el derecho al medio ambiente sano sea global. Por ello, ya en 2020, en plena pandemia, SEO/BirdLife puso en marcha junto con BirdLife International la campaña #1Planet1Right para lograr que se consagre el derecho universal a un medio ambiente natural sano.
Actuar hoy no solo preservará la riqueza natural del planeta, sino que también garantizará que las generaciones futuras puedan disfrutar de este y otros tesoros únicos. El futuro del Delta del Ebro aún está en nuestras manos.
La industria turística es una de las de mayor actividad y crecimiento, tanto a nivel nacional como internacional, y no se puede subestimar su influencia tanto en las grandes ciudades como en las zonas rurales o en espacios naturales. Pero quizás debamos preguntarnos ¿qué impacto general tiene el turismo ya sea tanto a nivel social como ambiental?
Las dos caras del turismo:
Por un lado, está el innegable beneficio económico y de dinamización que la propia actividad genera dado que, para muchas comunidades pequeñas de todo el mundo, el turismo es la mejor oportunidad para generar ingresos y mantener sus estilos de vida y tradiciones. En sentido positivo, pues, el turismo sin duda supone un desarrollo económico, generando ingresos significativos para la región, beneficiando a negocios locales y creando empleos, un efecto especialmente sensible en áreas rurales o despobladas. Estos ingresos del turismo, además, pueden ser utilizados para la conservación y mantenimiento de los espacios naturales o la biodiversidad.
Asimismo, hoy en día ya empiezan a ser bien conocidos los beneficios en materia de salud y bienestar para las personas que supone el contacto con la naturaleza. Diversas investigaciones, por ejemplo, demuestran que el tiempo de recuperación de una situación de estrés es mucho menor cuando se desarrolla en un ambiente natural. Asimismo, los expertos afirman acerca de la necesidad de permitir y favorecer que la infancia mantenga una dosis diaria de contacto con la naturaleza.
Por todo ello, profesionales de la sanidad y la educación ya están dispuestos a aprender a “recetar” naturaleza para mejorar la salud física y mental.
Sin embargo, como contrapartida el turismo también tiene importantes repercusiones negativas tanto a nivel social (urbanismo desenfrenado, masificación, gentrificación, subida de precios…) como ambiental (contaminación, uso de recursos energéticos, hídricos, generación de residuos asociados, efectos negativos sobre la biodiversidad, estacionalidad...).
Y por ello debemos ser conscientes de la necesidad de impulsar un modelo turístico que sea verdaderamente respetuoso y sostenible, alejado de la visión tradicional de sol y playa o de “cuantos más mejor” que a menudo se nos inculca desde diferentes estamentos de la sociedad.
Ruta en barco por el río Ebro impulsado por energía solar (Amposta)
El complicado equilibrio entre turismo y conservación
Hace ya tiempo, y en particular después de la pandemia del covid19, que se habla de otro modelo, de sociedad en general y de turismo en particular. Las entidades sociales y ambientales consideran imprescindible apostar por modelos que deben ser más sostenibles y respetuosos, que se alejen del consumismo masivo, con una movilidad más sostenible, con un turista más consciente, y donde se involucre a las comunidades del entorno y a los visitantes en la protección es clave.
No es sencillo encontrar este equilibrio, pero estrategias como las Reservas de Biosfera, donde ya hace años que se trabaja en intentar compatibilizar el turismo y la conservación de los bienes naturales y culturales de una zona pueden ser el modelo a seguir.
Otras iniciativas también trabajan en la misma dirección y mecanismos como la Carta Europea de Turismo Sostenible (CETS) en Espacios Naturales Protegidos, que es una iniciativa de la Federación EUROPARC, tiene como objetivo global promover el desarrollo del turismo en clave de sostenibilidad; se desarrolla en los espacios naturales protegidos de Europa a través de un compromiso voluntario de los firmantes y orientando a los gestores de los espacios naturales protegidos y a las empresas para definir sus estrategias de forma participada.
Podríamos mencionar muchas otras iniciativas, pero por ejemplo el distintivo Biosphere (creado por el Instituto de Turismo Responsable - ITR) es una certificación oficial que avala el compromiso real con la sostenibilidad. Este distintivo puede generar conciencia y recursos para la conservación y está alineado con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU (ODS). Aquí es el propio turista es el que tiene en su mano elegir destinaciones más sostenibles y fue reconocido como la mejor herramienta de certificación de sostenibilidad del mundo en 2021 por un informe de la Universidad de Sherbrooke, Canadá.
Trabajando para alcanzar ese complicado equilibrio
Como ya se ha comentado, es muy positivo que las personas quieran pasar más tiempo en la naturaleza, pero se deben que habilitar herramientas para no penalizar el territorio o la biodiversidad que acoge. Y es que, como es bien sabido, por ejemplo la masificación es un mal compañero de viaje para la conservación de los valores naturales.
Desde SEO/BirdLife, además de concienciar de las problemáticas, también se quiere ofrecer soluciones y por ello en varios proyectos se ha trabajado para promover un turismo diferente. Sobre todo, se ha trabajado para fortalecer un turismo ornitológico respetuoso con las aves y el medio (iberaves, Mediteraves, Birdtourise…) para que ayude a desarrollarse a las poblaciones de entornos naturales de un modo sostenible, tanto desde el punto de vista de la formación y capacitación del sector como de concienciación del propio turista.
Observación de aves en el Delta del Ebro
Asimismo junto con otras entidades, SEO/BirdLife ha trabajado en el proyecto Flow4BIO (2022-2025; en las CCAA de Catalunya, Baleares, Comunidad Valenciana, Aragón, Asturias e Islas Canarias), para hacer frente al reto demográfico frente a la masificación de los bosques a través del turismo forestal sostenible; el proyecto ha generado paisajes resilientes al uso público y al cambio climático, fomentado la biodiversidad y sus valores paisajísticos.
Otro efecto negativo sobre el medio natural es el efecto de la estacionalización e hiperfrecuentación de los espacios litorales y en especial en los destinos de sol y playa. Es bien conocido la gran presencia humana en estas áreas pone en grave peligro las especies que utilizan las playas y espacios dunares para la cría o descanso durante las migraciones (como chorlitejos, correlimos, charranes, etc.). Por ello, desde algunas administraciones han trabajado para disminuir las consecuencias de ese turismo masivo.
En el Delta, por ejemplo, no hace muchos años se vivió otro ejemplo de este complicado equilibrio, ya que en la época post-pandemia, el auge de las caravanas, autocaravanas y furgonetas camper provocó que en el verano de 2020 y la Semana Santa de 2021 la barra del Trabucador se colapsara con la presencia de centenares de vehículos. Se trata de un espacio de gran valor ecológico pero del delta del Ebro que es de dominio público marítimo-terrestre. Este hecho motivó que, ante esta realidad, el Ayuntamiento de Sant Carles de la Ràpita anunciara que regularía el acceso al Trabucador para controlar la avalancha de visitantes.
Zona del Trabucador en el delta del Ebro
Pero en el Delta, igual que en otras áreas similares, se suman otras presiones derivadas de la presencia humana, como pueden ser la presencia continua de mascotas sueltas o la práctica de deportes diversos, somo puede ser el kite surf, el paramotor o la navegación en cayac (por citar algunas de ellas…) que, en caso de no respetar la normativa de estos espacios, suman más efectos negativos a la conservación de la biodiversidad.
Zona dunares en el delta del Ebro
En otros ambientes, otras actividades en las que también se trabaja para compatibilizarlas con la conservación son, por ejemplo, la regulación de la escalada en roca, el baño en pozas de los ríos y riachuelos o los lagos de alta montaña, las rutas con raquetas de nieve o esquí de fondo/montaña, las carreras de montaña/bicicletas o el simple hecho de pasear los perros sueltos en estos espacios.
Todas ellas, si no respetan la normativa (zonas o épocas restringidas…), pueden poner en jaque el frágil ecosistema de estos pequeños espacios y poner en peligro especies muy delicadas como pueden ser el urogallo, la perdiz nival, o diferentes especies de rapaces o especies acuáticas.
En definitiva, pues, cualquiera de nuestras actividades en el medio natural tiene un impacto que hay que minimizar para preservar el entorno y sus valores naturales.
Avanzando hacia un futuro necesariamente sostenible
El Delta de l’Ebre, igual que los otros espacios naturales, no solo es un ecosistema de extraordinario valor ambiental, si no que debemos conseguir que sea un testimonio vivo de cómo la naturaleza y las comunidades humanas pueden coexistir en equilibrio. ¡¡Es crucial que se implementen medidas de turismo sostenible para minimizar estos impactos negativos!!
Pero no todo depende de las decisiones y acciones de la industria turística, los propios viajeros y turistas también deben tomar conciencia de su responsabilidad y darse cuenta de la huella que genera su condición de turistas y actuar en favor del planeta y el turismo.
Pero proteger los espacios naturales, en general, exige mucho más que buenas intenciones y requiere de acciones coordinadas que integren soluciones científicas avanzadas, políticas públicas efectivas y la implicación activa de la sociedad. Como hemos visto, es notoria la necesidad de destinar más recursos y mejorar la eficacia de la gestión del uso público y de los flujos de visitantes. Al final, las medidas restrictivas de ordenación y planificación aparecen como única herramienta viable para frenar los efectos adversos provocados por la masificación de los espacios.
La justicia social debe ser nuestro mayor reto y la única manera posible de alcanzarla es considerar que el derecho al medio ambiente sano sea global. Por ello, ya en 2020, en plena pandemia, SEO/BirdLife puso en marcha junto con BirdLife International la campaña #1Planet1Right para lograr que se consagre el derecho universal a un medio ambiente natural sano.
Actuar hoy no solo preservará la riqueza natural del planeta, sino que también garantizará que las generaciones futuras puedan disfrutar de este y otros tesoros únicos. El futuro del Delta del Ebro aún está en nuestras manos.

Jordi Prieto






























